apocryphus

per fas et nefas

esqueleto de stalker

me despierto de soñar contigo,
y un espíritu en mis pies
me ha conducido -¿quién sabe cómo?-
a la ventana de tu habitación, mi vida.

– Percy Bysshe Shelley –

en defensa de la confabulación

¿acaso no pueden los errores ocasionar algunos cambios afortunados?

– el Orden del Mundo Natural –

intención e intensión

entonces fue que le dije que era lógico que su comportamiento generara tu reacción, porque el hecho de que él sea el dueño del estudio no te hace su empleada.

fíjese -le dije- con lo acostumbrada que está G* a mandar, lo extraño es que no le haya gritado a usted mucho antes.

– abogadamiga –

you gon´ get some

las leyes crean la clase de jefes regulados que yo -al final y como consecuencia de todo- quise ser.

jefes que no sé si realmente podemos ser llamados jefes, porque sólo somos necesarios para actuar lo que debe ser hecho según la letra, porque sólo estamos para que nuestras bocas pronuncien lo que las letras hayan decidido decir, porque sólo existimos para que las letras tengan el ceremonial de su validez.

así pensado, hoy no soy sino una abstracción de jefe, pero antes fui más de una vez y en más de un modo una jefe con todo el poder para hacer, decidir y decir.
y cuando lo fui, cada vez fue salvaje y emocionante para mí, aunque vomitara sangre.

¿qué dijo el ganso para que viniera la gansa?

desde que me designaron tengo esta sensación de que me estás poniendo en mi lugar.

– antes superior, ahora subordinado –

felicidades mórbidas

los que quedábamos en la guardia después de la medianoche, si no estábamos en el quirófano, recorríamos la sala y saludábamos a los internados y a sus familiares.

nos apretábamos las manos y nos ofrecíamos felicidades, oro, budines, sonrisas y gasas iodadas.

pero siempre había un par de camas donde las manos se pasaban en silencio y se cargaban de angustia las miradas. ¿qué podíamos decir? si oscilaban los signos vitales y el pus se derramaba.
decíamos el apellido del paciente -como si fuera suficiente que lo recordáramos- y hacíamos algún gesto grave.
ellos querían navidad y año nuevo, y cuando lo buscaban ansiosos en nuestros ojos alzábamos la vista a los goteos, y así nos desligábamos.

del peor de esos saludos incómodos, ya aliviados, nos burlábamos.

 

hoy no recuerdo las letras exactas de esos apellidos,
la melodía está intacta, sin embargo.

 

aventurados los que sufren

te conocía, no podía no haberte visto.

pero fue cuando entraste a la guardia de emergencias diciéndole al hombre ese por el cual te habíamos llamado: “escuche, si usted no tiene ganas de cirugías está en todo su derecho, pero no me haga perder el tiempo que podría usar en las personas que quieren todos los milagros posibles”, que yo pensé justo entonces de algún modo -¿sabés?-,

esta mujer, esta carrera, estos desesperados.

vos no te acordás claro, porque nunca me viste

 

– un soldado –