apocryphus

per fas et nefas

sobre la leche derramada

cuando trajimos a tu hermanito a casa no podíamos lograr que dejaras de llorar, lloraste días seguidos.

empujabas al bebé a los pies de la cama y gritabas como endemoniada cuando le daba de mamar.

– Madre –

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un malentendido del montón

¿acaso podríais decidir cuál, de entre todos, es el acto más importante de una vida?

– el Orden del Mundo Social –

la re(in)surrección de la carne

¿te acostaste con el imputado?

– nuevamiga –

la cuaresma del caníbal

a la educación represiva se culpará por la líbido selectiva, pero Superego no acusa ya que sus mandantes han decidido que no deja de haber un filo de ventaja en no desear sin antes desear.

por la anorgasmia, en cambio, Ello y Ego sólo quedarán satisfechos con la máxima condena, y en consecuencia Superego acusa, y acusa y acusa, y peticiona linchar.

 

cenizas a las cenizas

¡no podés tener esas dudas!

no podés negar que sos su hija, sos igual, sí, igual, y no importa que no te parezcas cuando sos igual.

sos como era él,
siempre se nota cuando estás.

– primo –

carnevil

durante muchos años no pude resignarme a una vida real que no fuera como la de los libros.

por ese entonces había veces en que, cuando la ocasión coincidía, actuaba o hablaba yo con las exactas líneas de las personas literarias, y después esperaba.
pero las personas de carne nunca parecieron entender y -¡frustración tras frustración!- los párrafos que les correspondían se desperdiciaron,
esa obstinada voluntad de obrar con su tonta libertad vaciaba lo que decían y hacían de todos mis significados.

ya hace muchos años que las personas de carne tienen mis libros cerrados.

 

 

esqueleto de stalker

me despierto de soñar contigo,
y un espíritu en mis pies
me ha conducido -¿quién sabe cómo?-
a la ventana de tu habitación, mi vida.

– Percy Bysshe Shelley –