apocryphus

per fas et nefas

todo un pasado por estrenar

los cumpleaños del mayor de mis primos eran días de pastelitos, escarapelas y ah, de muchachos lindos

cuando sueño con mi primo siempre nos abrazamos sorprendidos,
yo sé que está muerto,
pero él se ríe, el muy vivo

cuando sueño con mi primo a veces me despierto llorando,
él sabe que está muerto,
pero yo no me río

hoy podría haber habido pastelitos, pero no
feliz cumpleaños, queridísimo primo

lo mejor estuvo por venir

antes de que abriera la secretaría, yo ya sabía quiénes entre los alumnos iban a anotarse,

y en qué orden.

– el Profesor –

el hada de las palabrerías

me acuerdo perfectamente de todas las personas que alguna vez fueron significativas para mí, hace mucho, remotas,
más que nada porque persisten en el recuerdo infame de las imbecilidades que no pude evitar decirles

en lo que a esos momentos de ellos y de mí se refiere, esa memoria permanece joven

o mal envejecida la vergüenza

el carnaval de los sucios

¡te gusta el profesor!

te pusiste colorada,
sí te gusta,
ya te descubrí

– improbable amiga –

empalagados de sal

¿acaso no acaban por terminar todos los verdaderos inicios?

-el Orden del Mundo Intelectual-

inocente no es igual a no culpable

¿a quién saliste vos?

-todos los abuelos que conocí-

el detrás de un soldado en el frente

muchos años después de haber desertado del servicio en la legión extranjera, mi abuelo español eligió la hora de la merienda de una tarde cualquiera para apoyarse un revólver en la frente

J*, que entonces tenía once o doce años y era el mayor de sus nietos, escuchó el disparo y corrió asustado a mi casa gritando que el abuelo se había pegado un tiro, pero sólo me encontró a mí porque, obviamente, a esa hora todos nuestros padres trabajaban

seguí a mi primo J* cuando volvió a la casa del abuelo, y allí lo vimos, sentado al borde de la cama, con la sien derecha negruzca, los brazos vencidos y todavía sosteniendo el arma

él nos miró a los dos, y también al arma, y dijo a mi primo que bueno, deja hombre, joder que ya está bien, cierra la puerta porque nada

pocos años después de haber intentado suicidarse, el abuelo se despertó una mañana tan temprano como todos los días y murió sin haber tenido que pelear, pacíficamente y antes de la afeitada

era un abuelo que comía sandwiches que ningún nieto quería probar, los hacía de pan negro, con tomates y morrones